Si antes imaginábamos la frontera como una sala de espera hacia el norte, la imagen en 2025 es distinta. Tijuana ha dejado de ser solo un trampolín para convertirse en un muro de rebote. Las nuevas políticas migratorias han transformado la dinámica de la ciudad drásticamente. Ahora, la deportación en Tijuana define el paisaje urbano, llenando las calles de personas que no buscaban quedarse, sino que fueron obligadas a volver. Carolina Farrera, directora de la organización Alma Migrante, nos explica este cambio radical. Los albergues ya no se llenan solo de familias en tránsito hacia Estados Unidos. Hoy reciben principalmente a mexicanos y extranjeros expulsados tras cruces irregulares. Este fenómeno ha traído consigo un “duelo migratorio” profundo. Quienes llegan lo hacen con las manos vacías, enfrentando la negación y el coraje de ver sus proyectos de vida truncados por el sistema.